Cuidado con los Bonos de Fidelización del Santander

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Comunicación



La entidad santanderina advierte que los bonos de fidelización ofertados son instrumentos complejos, que pueden originar pérdidas “(incluso hasta cero)” a todos aquellos que acepten.

 

¿Por qué los ofrecen?

Supuestamente, el Santander busca la manera de esquivar las demandas potenciales de los afectados por la intervención del Popular que muerdan el anzuelo urdido por el banco presidido por Ana Patricia Botín.

Es cierto que en esta ocasión, a diferencia de lo sucedido con la comercialización de los Valores del Santander, la entidad financiera está siendo más transparente. Así, el folleto no deja lugar a dudas:

Los bonos de fidelización podrían absorber pérdidas en caso de inviabilidad de Banco Santander o, precisamente, para evitarla mediante la reducción del principal (incluso hasta cero) o conversión en capital”.

Nótese que la parte más importante va entre paréntesis “(incluso hasta cero)”.

El nombre ya es de por sí un engaño

No son bonos de fidelización, sino Obligaciones Perpetuas contingentemente amortizables, es decir, no incorporan obligación de reembolso (el suscriptor no recibirá nunca la devolución del capital suscrito de esta manera).

Es un instrumento de altísimo riesgo, por lo que dar un 1% de rentabilidad a los damnificados constituye una nueva ofensa.

Felicitaciones al equipo de marketing encargado de bautizarlos. Al César lo que es del César.

Evitar las reclamaciones

El propósito de estos bonos no sería compensar a los afectados por el expolio* perpetrado en la madrugada del 6 al 7 de junio, ni mucho menos, sino “quitarse de encima” el mayor número de reclamaciones posible, a cambio de migajas.

El papel de la CNMV

La CNMV, fiel a su papel como colaborador necesario, ha dado el visto bueno, aunque reconoce que se trata de un producto complejo no apto para todo tipo de inversores; un hecho que, por otra parte, ya viene reflejado en el folleto.

Desde esas líneas entendemos que no es sólo un producto complejo, es además un producto trampa.

¿Por qué únicamente se ofrece a los inversores minoristas?

A pesar de que es el propio Santander quien advierte sobre la no conveniencia para su comercialización entre inversores minoristas, el grupo ha decidido repartirlos únicamente entre éstos.

Presuntamente, la estrategia consiste en dar la apariencia de que se les está dispensando un trato preferencial y exclusivo, que no se da a los afectados institucionales.

¿Se acuerdan de las preferentes?

La renuncia a demandar

A mayor abundamiento, el diseño de este producto –bastante tóxico a priori— pasa por una renuncia del suscriptor a emprender cualquier tipo de reclamación judicial. Obviamente, se trata de una táctica similar a la que adoptó en su día el sector bancario con los acuerdos envenenados por cláusula suelo. Parece que todo lo malo se pega.

Dicha renuncia tiene carácter esencial para la adquisición, entrega y conservación de los bonos de fidelización en el marco de la acción de fidelización, por reflejar el compromiso de fidelización del beneficiario aceptante de la oferta”.

Si utilizamos el sentido común, uno debería darse cuenta de que algo raro raro raro sucede con un producto, cuando para acceder a él debemos firmar un documento de renuncia.

Es como si antes de empezar a comer en un restaurante, el camarero nos pidiese que firmásemos algo parecido a esto:

“La aceptación de esta comida implica la renuncia irrevocable e incondicional por parte del comensal a emprender acciones legales contra el establecimiento y todas sus sociedades”. ¿Qué invento es éste?

¿Cuáles son las opciones?

Como siempre decimos, cada cual es muy libre de hacer y firmar lo que quiera, pero la impresión sigue siendo la misma que hace un mes: se están ofreciendo específicamente a aquellos afectados que más posibilidades tienen de ganar las demandas (con las que podrían obtener una compensación mucho mayor o, por lo menos, más justa, o menos insultante).

Probablemente lo sensato sería proponer al banco una devolución razonable de la inversión y, en caso de negativa, plantearse acudir a la vía judical.

En definitiva, no aceptar ni firmar nada, ni siquiera créditos blandos, sin antes asesorarse con alguien completamente ajeno a la entidad (sus trabajadores no lo son).

* Expolio: definido por la RAE en una de sus acepciones como el Botín del vencedor.



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