El WhatsApp como nueva forma de violencia en el trabajo

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Comunicación



  • Una trabajadora es despidida por acosar a un compañero mediante envío de whatsapps “nocturnos”.

  • La empleada envió más de 60 mensajes, de carácter ofensivo, durante la madrugada de fin de año.

El acoso laboral es una conducta abusiva, basada normalmente en el empleo de la violencia psicológica, y que somete de manera reiterada y sistemática a otra persona dentro de un ámbito profesional. En este sentido conviene subrayar que la jurisprudencia suele exigir que el comportamiento sea habitual, es decir, que se repita en el tiempo. Este tipo de acoso supone en la actualidad una de las principales causas de baja.

Sin embargo, con la incorporación de las nuevas tecnologías a la vida cotidiana, la “persecución” puede ir más allá de los límites de la oficina, especialmente si el acosado tiene Whatsapp, y el acosador conoce su número.

¿Son admisibles ante un tribunal las conversaciones de Whatsapp como prueba de acoso laboral?

Sí, siempre y cuando se pueda demostrar la veracidad de las conversaciones.

De este modo, la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de la Rioja, en una sentencia relativamente reciente –de 22 enero de 2016–, ha avalado el despido disciplinario de una empleada que, durante la madrugada de fin de año, envió más de 60 Whatsapps –de carácter ofensivo– a su compañero de trabajo.

El acosado pudo acreditar cómo la excompañera se dirigía a él de forma completamente inaceptable. Entre otras lindezas, dentro de los mensajes encontramos amenazas y expresiones tales como “muérete”, “conmigo no juega nadie”

Ante esta situación, insostenible, la empresa decidió despedir a la trabajadora basándose en las pruebas que había en el móvil. La carta de despido, rezaba lo siguiente:

 “Los incidentes que usted ha protagonizado, suponen una gravísima falta de respeto y consideración hacia sus compañeros”; según parece, la “acosadora había vejado también a otra compañera –la pareja sentimental del acosado–. “Su actuación no ha quedado en una mera anécdota de final de año, sino que además de remitir de forma continuada mensajes de texto insultando y faltando al respeto, su actitud con su compañero ha sido, desde esa fecha de absoluta falta de respeto y degradación hacia su persona”.

La defensa basó su argumentación en dos pilares: en primer lugar, entendía que el despido debía ser declarado nulo, pues, a su juicio, resultaba injustificable tomar esa decisión utilizando el contenido de una conversación privada, que vulnera su derecho a la intimidad y al secreto de las comunicaciones, en virtud del artículo 18 CE.

En segundo lugar, el abogado defensor sostuvo que la “conversación” mantenida tampoco tenía nada que ver con la relación laboral de ambos.

Pero la Sala rebatió los dos argumentos. Para el primero recordó la doctrina del TC existente (STC 114/1984, de 29 de noviembre), la cual especifica cómo el derecho al secreto de las comunicaciones no puede oponerse, sin quebrar su sentido constitucional, frente a quien tomó parte en la comunicación misma así protegida“. Por tanto, puesto que quien entregó las conversaciones fue uno de los interlocutores (el receptor), no existe ninguna intromisión ilegítima de la intimidad.

A mayor abundamiento, aunque el artículo 18.1 de la Constitución protege “la vida íntima de las personas”, tal garantía no es aplicable al caso analizado “pues el contenido de los mensajes no fue sobre nada que pudiera estimarse inserto en dicho ámbito, sino que conformaron meras expresiones, prácticamente unilaterales y ciertamente ofensivas de la demandante hacia su compañero de trabajo“.

En cuanto al segundo argumento, la Sala objeta que, a pesar de que los mensajes no fueron enviados dentro del horario laboral, un comportamiento de esta índole “sí afecta al quehacer de los trabajadores“, dado que la única relación que les une es precisamente ésa, la profesional; en cambio, “no existe prueba alguna de que entre ambos haya existido una relación personal ajena o distinta a la relación laboral en donde enmarcar las expresiones injuriosas y amenazadoras remitidas“.

En síntesis: las expresiones injuriosas y amenazadoras enviadas por Whatsapp, sin provocación ni respuesta por parte de la víctima, permiten concluir que el comportamiento de la trabajadora es de evidente acoso hacia su compañero, y que, en consecuencia, resulte procedente la decisión de despido adoptada por la empresa.



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